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Los abrigos, en peligro de extinción: Almería entra en octubre a 30 grados y subiendo

Por Almería Postureo
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Almería vive una situación límite. No hablamos de crisis económica, ni de una invasión extraterrestre, ni siquiera de otro reality show con famosos encerrados en una casa. No. Hablamos de algo mucho más preocupante: ¿dónde están nuestros abrigos? ¿Volveremos a verlos algún día?

A 29 de septiembre, los termómetros siguen marcando temperaturas que solo deberían aparecer en agosto y en las calderas del infierno. Con máximas de 30º, terrazas a reventar, y heladerías trabajando a triple turno, los almerienses se hacen la misma pregunta cada mañana al abrir el armario:
«¿Y si el abrigo lo dono ya a un museo?»

El drama del cambio de armario

En otros puntos de España, los ciudadanos ya han guardado las chanclas y sacado las bufandas. En Almería, en cambio, el cambio de armario es una leyenda urbana. “Tengo los jerséis en el altillo desde 2021. Cada vez que los miro me da la risa”, comenta Paqui, vecina de El Zapillo, mientras se abanica con una revista del Lidl.

Los expertos climatólogos confirman que el «veroño» se ha instalado con contrato indefinido, y que Almería podría pasar directamente del bikini al disfraz de Halloween sin pasar por el entretiempo. “Lo del entretiempo es una ilusión colectiva como los unicornios o los políticos que cumplen promesas”, afirma Paco Clima, meteorólogo jubilado con sandalias puestas.

Comer puchero a 32 grados: deporte de riesgo

Los bares intentan adaptarse como pueden. “Hemos tenido que sacar la carta de invierno pero con advertencias: solo servimos lentejas si el cliente firma un consentimiento informado”, confiesa Manolo, propietario de Casa Frasquito. “Hubo uno que pidió cocido y acabó derretido en la silla”.

¿Qué dice la moda?

Las influencers locales también están en crisis. “No puedo seguir fingiendo que hace fresco en las fotos. El otro día me puse una bufanda para un selfie y me dio un golpe de calor”, confiesa @AlmerienseCool, influencer con 24.000 seguidores y cero tejidos térmicos.

Zara, Mango y demás gigantes del textil ya estudian lanzar una “colección otoño-verano almeriense”, con prendas como el abribañador, la chancla-bota o la rebequita de lino refrigerado.

¿Y ahora qué?

Mientras tanto, en la provincia reina la incertidumbre. ¿Y si los abrigos se han vuelto innecesarios? ¿Y si Almería está evolucionando hacia una especie de Dubai sin petrodólares pero con tapas?

Algunos vecinos se han adelantado al futuro: ya han vendido sus plumíferos en Wallapop. Otros, más conservadores, los mantienen en naftalina, esperando ese día mágico en el que, al fin, se levanten por la mañana, miren por la ventana, y digan:

“¡Hoy hace rasca!”

Hasta entonces, seguiremos sudando, en manga corta, y soñando con un mundo en el que ponerse un abrigo no sea una excentricidad vintage.

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