Hace dos décadas, un colectivo poco conocido pero muy activo patrullaba caminos, observaba invernaderos y colaboraba con ayuntamientos y cuerpos de seguridad en Almería: los PM‑40, o Parados Mayores de 40 Años. No llevaban uniforme policial, no portaban armas, pero sí algo que escasea hoy: compromiso, tiempo, experiencia y voluntad de mejorar su ciudad.
Hoy, cuando Almería vuelve a enfrentarse a problemas de vandalismo, robos, abandono rural y falta de oportunidades laborales, quizá sea el momento de hacernos una pregunta incómoda: ¿y si los PM‑40 volvieran?

¿Quiénes fueron los PM‑40?
Los PM‑40 eran colectivos formados por personas desempleadas mayores de 40 años que se organizaron para desempeñar labores de vigilancia y servicio comunitario. Actuaron en varios municipios almerienses, como Almería capital, Roquetas de Mar, Adra, El Ejido o Gádor, entre otros.
Su papel no era policial ni represivo, pero sí muy necesario. Patrullaban caminos rurales para detectar vertidos ilegales o prevenir incendios, avisaban a las autoridades ante robos en invernaderos y zonas agrícolas, colaboraban en eventos municipales, ferias o espacios públicos y actuaban como “ojos y oídos” del vecindario, mejorando la seguridad simplemente con su presencia visible.
Eran ciudadanos activos, comprometidos, y su trabajo ayudaba a todos.

Un colectivo que nació de una necesidad real
Los PM‑40 nacieron como respuesta a una doble necesidad: por un lado, el desempleo estructural que sufrían miles de personas mayores de 40 años, muchas veces sin formación digital ni acceso a nuevas oportunidades; por otro, la falta de vigilancia constante en zonas rurales, caminos agrícolas, polígonos o barrios periféricos donde ni la Policía Local ni la Guardia Civil podían llegar siempre.
Convirtieron esa carencia en una oportunidad. Personas que estaban fuera del sistema laboral encontraron una forma digna de aportar a la sociedad. Y los municipios, a cambio, reforzaron su capacidad de respuesta sin necesidad de grandes inversiones.
¿Qué ha pasado desde entonces?
Con el paso de los años, los PM‑40 desaparecieron. Cambios de gobierno, ajustes presupuestarios, nuevas prioridades políticas y, sobre todo, la falta de continuidad en los proyectos sociales provocaron su extinción.
Pero mientras tanto, muchos de los problemas que ayudaban a prevenir han vuelto, y en algunos casos, con más intensidad. El vandalismo urbano es cada vez más visible, los robos en invernaderos preocupan a los agricultores, los caminos rurales siguen llenándose de vertidos ilegales, y muchas zonas de la ciudad —sobre todo en barrios alejados del centro— viven una sensación constante de abandono.
A esto se suma un drama silencioso: el desempleo crónico en mayores de 45 años, personas con experiencia, ganas y tiempo, pero sin una salida laboral clara.

¿Sería útil recuperar a los PM‑40 hoy?
Sin duda. Recuperar una iniciativa de este tipo sería una medida útil, justa y muy beneficiosa para todos.
Daría ocupación a personas con conocimientos de la vida, implicadas en su ciudad, que hoy no encuentran trabajo. Reforzaría la seguridad de una forma complementaria y respetuosa, sin invadir competencias de los cuerpos oficiales. Mejoraría el entorno rural y urbano, ayudando a controlar vertidos, pequeños actos vandálicos o deterioro urbano. Y, sobre todo, devolvería protagonismo a quienes hoy se sienten olvidados.
Almería se beneficiaría como ciudad, porque una comunidad activa y vigilante cuida mejor su entorno.
¿Cómo podrían volver?
La iniciativa podría ponerse en marcha desde los ayuntamientos, diputaciones o en colaboración con asociaciones de desempleados, cooperativas sociales o programas comarcales. No se trataría de improvisar, sino de crear un marco legal, seguro y bien gestionado, con formación básica, coordinación con la Policía Local y tareas claramente definidas.
También podrían incorporar herramientas modernas, como aplicaciones móviles, mapas de incidencias vecinales o formación en atención al ciudadano. Los tiempos han cambiado, pero el valor de una persona que cuida su barrio, su campo o su comunidad sigue siendo el mismo.

Una reflexión que nos toca como ciudad
Vivimos tiempos donde muchas cosas parecen fuera de control. Pero también vivimos en una ciudad con personas que quieren aportar, si se les da la oportunidad. Los PM‑40 fueron un ejemplo de eso: compromiso sin ruido, trabajo sin sueldo fijo, ayuda a cambio de dignidad.
Hoy, con locales cerrados durante años, barrios con vandalismo nocturno, campos sin vigilancia y miles de mayores sin empleo, quizá la solución no esté tan lejos. Quizá no haya que inventar nada nuevo. Solo rescatar lo que ya funcionó, adaptarlo a los tiempos actuales y confiar, una vez más, en la gente de aquí.
Porque lo que no se cuida… se pierde. Y Almería merece ser cuidada por todos. En otras ciudad, incluso en la propia Andalucía, el trabajo del sereno sigue activo.
Desde esta web, abrimos el debate: ¿debería Almería recuperar una figura ciudadana como la de los PM‑40? ¿Estamos listos para volver a confiar en la fuerza de la comunidad?










