Durante años, presumir de las tapas de Almería era casi un acto de orgullo local. En cualquier bar, pedías una cerveza y sabías que te esperaba una buena tapa, sin costes añadidos ni sorpresas en la cuenta. Era parte de nuestra identidad, ese pequeño lujo cotidiano que hacía de salir a tomar algo una experiencia única y asequible.
Sin embargo, últimamente hemos empezado a notar un cambio: cada vez más bares están introduciendo tapas con suplemento, especialmente en aquellas más elaboradas o populares. Y con ello, surge una pregunta: ¿estamos perdiendo la esencia de nuestra ciudad?

Del “elige tu tapa” al “elige tu suplemento”
Aunque todavía quedan bares que resisten, manteniendo sus buenos platos sin necesidad de cobrarnos un extra, fieles a la tradición, hoy en muchos locales el clásico “¿qué tapa quieres?” viene seguido de un “lleva un suplemento de un euro o dos”. Lo que antes era una excepción, un plato especial o un producto más caro, empieza a convertirse en norma.
A esto se suma que, en muchos sitios, ya se empieza a limitar el número de variación de tapas por mesa o incluso se obliga a pedir raciones para poder acompañar la bebida. Una práctica que comenzó como consecuencia de la pandemia, cuando los bares intentaban recuperarse de tiempos difíciles, pero que poco a poco se ha ido quedando.
Algunos hosteleros defienden esta tendencia, argumentando que los costes de los ingredientes, la electricidad o el alquiler han subido. Y es cierto, los márgenes en hostelería son cada vez más ajustados. Pero… ¿y qué pasa con nuestra identidad?
El problema es que la tapa gratuita y variada es algo más que una costumbre. Es lo que nos diferencia de otras provincias. Es el motivo por el que turistas se sorprenden y locales presumimos. No es solo comida: es cultura, convivencia y orgullo.
Cuando la tapa pasa a tener suplemento, o cuando se imponen límites y condiciones para disfrutarla, se rompe un poco esa magia. Haciendo que, poco a poco, se diluya una de nuestras señas de identidad más queridas.

¡Que no se pierda lo que nos hace únicos!
Es una pena ver cómo estas costumbres se van perdiendo progresivamente. Almería siempre ha sido diferente, y en esa diferencia estaba su encanto. Si seguimos normalizando los suplementos, acabaremos pareciéndonos a cualquier otra ciudad donde las tapas se pagan aparte, y eso sería un error.
Ojalá no dejemos que esta costumbre se pierda del todo para seguir disfrutando de nuestras queridas tapas, de nuestros buenos pescados fritos y de todo lo que hace especial a nuestra gastronomía. ¡Solo así mantendremos viva esa esencia que nos distingue y que tanto nos representa!









