Laia, una niña de Berja de tan solo 10 años, vuelve a enfrentarse a la leucemia cinco años después de haber superado su primer diagnóstico. En 2020, cuando tenía 5 años, le detectaron una leucemia linfoblástica aguda de alto riesgo que la obligó a permanecer casi un año ingresada en el Hospital Universitario de Torrecárdenas, sometida a un intenso tratamiento de quimioterapia. Finalmente, la enfermedad remitió por completo y la familia recuperó la esperanza.
Sin embargo, el pasado 24 de agosto, durante un día de playa, sus padres notaron unos bultos bajo la mandíbula que encendieron todas las alarmas. Tras acudir al médico, llegó la peor noticia: las células cancerígenas habían reaparecido. Tras una nueva punción de médula realizada el 15 de septiembre, los oncólogos confirmaron que Laia volvía a tener blastos en su cuerpo, por lo que tuvo que reiniciar el tratamiento de inmediato.

Los médicos explican que, si su médula no queda completamente libre de células malignas, será imprescindible realizar un trasplante. No obstante, ni sus padres ni su hermano compatibles al 50% pueden aportar la médula ideal, ya que se necesita un donante con una compatibilidad del 100%.
Mientras continúa con nuevas sesiones de quimioterapia en el Hospital Materno Infantil de Almería, la familia vive pendiente de los resultados y hace un llamamiento urgente para aumentar el número de donantes. Recuerdan que las donaciones no se hacen para un paciente concreto, sino para un registro del que se selecciona al donante más compatible para cualquier persona que lo necesite. Además, insisten en que el proceso actual es similar a una extracción de sangre, mucho más sencillo que antes.

La Fundación Josep Carreras contra la Leucemia explica que cualquier persona sana de entre 18 y 60 años puede ser donante de médula, registrándose preferentemente antes de los 40. Para hacerlo, basta con inscribirse a través de su página web, cubrir el consentimiento informado y acudir al centro de referencia indicado.
La familia de Laia sigue luchando para que aparezca ese donante que le permita volver a disfrutar de su infancia sin hospitales ni tratamientos, y que pueda servir también de ayuda a muchos otros niños que se encuentran en la misma situación.









