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Los misteriosos Fuegos de Laroya, el enigma que hizo arder el pueblo de Almería

Por Almería Postureo
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En plena Sierra de los Filabres se encuentra Laroya, uno de esos pequeños pueblos almerienses que esconden historias capaces de sorprender incluso a quienes llevan toda la vida recorriendo la provincia. Entre sus calles y paisajes se guarda un episodio ocurrido hace más de 80 años que todavía hoy continúa rodeado de misterio: los Fuegos de Laroya.

Para conocer esta historia hay que viajar hasta el verano de 1945, cuando el pequeño municipio vivió una sucesión de incendios aparentemente inexplicables que terminaron convirtiéndolo en noticia en toda España.

Un verano marcado por el fuego

Todo comenzó el 16 de junio de 1945, cuando, sin que aparentemente existiera una causa que lo justificara, comenzaron a arder distintos montones de trigo y otros objetos en los alrededores de las viviendas y cortijos de la zona. Uno de los episodios más llamativos se produjo cuando las llamas llegaron incluso a afectar a las ropas de una niña, lo que llevó a los vecinos a buscar una explicación.

Al principio se llegó a pensar que podía tratarse de algún producto inflamable o incluso de la acción de un pirómano, pero los incendios continuaron. Durante aquel verano se llegaron a registrar más de 300 pequeños fuegos, especialmente concentrados en varios cortijos de la zona. Algunos aparecían después de haber conseguido apagar otros y, en ocasiones, afectaban simultáneamente a lugares diferentes. En el cortijo de El Cerrajero, por ejemplo, los agentes de la Guardia Civil pudieron comprobar cómo una olla de lentejas y unas mantas comenzaban a arder. En otros lugares, las llamas llegaron a destruir parte de viviendas, mobiliario, cosechas y enseres de los vecinos.

El miedo se apoderó entonces de Laroya, hasta el punto de que el párroco del pueblo llegó a utilizar las campanas de la iglesia para avisar a los vecinos cada vez que se producía un nuevo incendio.

¿Qué estaba provocando los incendios?

Lo más sorprendente de esta historia es que nadie consiguió determinar con certeza qué originaba aquellos fuegos. La noticia comenzó a extenderse y Laroya recibió la visita de diferentes especialistas. Meteorólogos, geólogos, sismólogos y geofísicos estudiaron el fenómeno tratando de encontrar una explicación.

Se analizaron posibles causas relacionadas con la actividad volcánica, gases inflamables, fenómenos eléctricos, radiaciones solares o alteraciones geológicas. Todas estas hipótesis fueron descartadas. También se llegó a considerar la posibilidad de que los incendios fueran provocados deliberadamente, algo que tampoco consiguió explicar el conjunto de los sucesos.

Uno de los científicos que estudió el caso fue el ingeniero José Cubillo Fluiters, que llegó a desplazarse hasta Laroya para investigar los fenómenos. Incluso llegó a presenciar algunos de los incendios.

Finalmente, el caso quedó recogido en un informe científico publicado posteriormente bajo el nombre de “Los fenómenos de Laroya”, pero el misterio sobre su origen permaneció.

Y así, después de aquel extraño verano, los incendios desaparecieron.

Una llama de piedra para recordar el misterio

Y hay un elemento que llama especialmente la atención al llegar a Laroya: el monumento dedicado a los Fuegos de Laroya.

Se trata de una llama de piedra que recuerda aquellos misteriosos incendios de 1945. La escultura se ha convertido en un símbolo de una historia que forma parte de la identidad del municipio y que, más de ocho décadas después, continúa despertando curiosidad.

La llama representa de alguna manera aquello que nadie consiguió explicar: un fuego que aparecía sin aviso, que llegó a convertirse en una auténtica pesadilla para los vecinos y que, después de varias semanas, terminó desapareciendo casi tan misteriosamente como había comenzado.

Hoy, los visitantes pueden recorrer el municipio y conocer algunos de los lugares relacionados con aquella historia. Incluso se organizan actividades como la Marcha Popular de Los Fuegos de Laroya, que permite acercarse a los enclaves donde se produjeron aquellos sucesos y mantener viva la memoria de lo ocurrido.

Un misterio que sigue formando parte de Almería

Los Fuegos de Laroya son hoy uno de esos episodios que forman parte de la historia más curiosa y desconocida de la provincia. Un suceso real, investigado por especialistas y del que quedaron testimonios y daños materiales, pero cuyo origen exacto continúa siendo objeto de debate. Quizás por eso la historia sigue teniendo algo especial.

Porque basta con acercarse a Laroya, contemplar aquella llama de piedra y mirar alrededor, hacia la tranquilidad de la Sierra de los Filabres, para imaginar cómo debió ser aquel verano de 1945 en el que un pequeño pueblo de Almería llegó a preguntarse qué estaba haciendo arder su propia tierra.

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