El Parque Natural Cabo de Gata-Níjar ha aprobado la prohibición total de la circulación de motos de agua en sus aguas. Esta medida afecta a las más de 12.000 hectáreas de superficie marina protegida y se aplica durante todo el año, no solo en verano. Con esta decisión, el parque refuerza su compromiso con la conservación de uno de los espacios naturales más valiosos del Mediterráneo.
Una decisión impulsada por vecinos y asociaciones
La medida llega tras años de quejas por parte de vecinos, colectivos ecologistas y asociaciones locales. Todos ellos han venido denunciando el impacto negativo de estas embarcaciones en el entorno natural y en la convivencia en el litoral. La presión social ha sido clave para que finalmente se adopte una normativa más estricta.
Las razones detrás de la prohibición
Uno de los principales problemas es el ruido extremo que generan las motos de agua. Este provoca estrés en la fauna, haciendo que muchas aves abandonen sus nidos. En el caso de los cetáceos, el sonido puede causar desorientación, lo que aumenta el riesgo de varamientos en las costas almerienses. En un ecosistema tan sensible, estas alteraciones tienen consecuencias directas en la biodiversidad.
El impacto ambiental no se limita al ruido. Una moto de agua puede consumir más de 30 litros por cada 100 kilómetros, lo que supone una importante fuente de contaminación. Estos vertidos afectan directamente a la calidad del agua, comprometiendo la salud del ecosistema marino.
Otro de los efectos es la turbidez del agua. El tránsito constante de estas embarcaciones remueve los fondos marinos, enturbiando las aguas cristalinas del Cabo de Gata. Esto altera la fotosíntesis de la flora marina y reduce la calidad del baño, afectando tanto al medio natural como a la experiencia de quienes visitan el parque.
La seguridad ha sido otro factor determinante. Se han dado casos de motos de agua circulando demasiado cerca de la orilla, generando molestias e incluso situaciones de peligro para los bañistas. La prohibición busca evitar estos conflictos y garantizar un uso más seguro del litoral.

Multas por incumplir la normativa
El incumplimiento de esta normativa puede conllevar sanciones importantes. En un espacio protegido como este, las multas pueden alcanzar hasta los 60.000 euros, especialmente en los casos más graves o cuando se produce daño ambiental.
Cuidar lo que es único
El Cabo de Gata es parte de lo que somos, un tesoro natural que depende del respeto de todos. Disfrutar de sus paisajes implica también protegerlos, evitar su deterioro y garantizar que siga siendo un lugar único.
Sæcio nuestro paraíso no se mantiene solo. Si no lo cuidamos nosotros, si no lo respetamos y lo preservamos… ¡nadie lo hará por nosotros!










