Hay fechas de nuestra historia que merece la pena recordar, aunque hayan pasado casi 90 años. Una de ellas es el 8 de noviembre de 1936, cuando Almería vivió uno de los episodios más impactantes de los primeros meses de la Guerra Civil: el bombardeo de los depósitos de combustible de CAMPSA por parte del crucero Canarias, perteneciente al bando sublevado.
Para entender lo que ocurrió aquel domingo hay que situarse en una Almería que, aunque permanecía en territorio republicano, no estaba a salvo de los ataques. La ciudad se había convertido en un punto importante para el abastecimiento y las instalaciones del puerto tenían un valor estratégico. Entre ellas estaban los depósitos de combustible de CAMPSA, que llevaban funcionando desde 1927 y se encontraban en el Muelle de Poniente.
Un barco apareció frente al puerto sin levantar sospechas
La mañana del 8 de noviembre, el crucero Canarias apareció frente a la costa almeriense y se situó aproximadamente a 400 metros del espigón de Poniente. Según las crónicas, el buque no llevaba ninguna bandera izada, por lo que su presencia no despertó inicialmente las sospechas que cabría esperar ante un barco de guerra.
Poco después comenzó el ataque. Las fuentes históricas sitúan el bombardeo entre las 9:30 y las diez de la mañana. El crucero abrió fuego contra distintos puntos de la zona portuaria.
Se produjeron ocho cañonazos: uno cayó en las canteras del puerto, otro alcanzó la casa de botes, dos impactaron en la calle del Muelle y los cuatro restantes alcanzaron los depósitos de CAMPSA.
El objetivo era especialmente importante para el abastecimiento republicano, ya que destruir aquellas instalaciones suponía dejar a la ciudad sin una reserva de combustible en el puerto.

Una enorme columna de humo cubrió Almería
El impacto de los proyectiles sobre los depósitos provocó explosiones y un incendio de enormes dimensiones. La gasolina y el combustible almacenados hicieron que las llamas se extendieran y que el humo comenzara a cubrir el cielo de la ciudad.
Las imágenes de aquel día muestran una gigantesca columna oscura que se podía contemplar desde distintos puntos de Almería. El fuego llegó incluso al agua del puerto, donde el combustible ardiendo dejó una escena que muchos vecinos no olvidarían jamás.
El historiador Alfonso Viciana recoge en su publicación Almería: cinco historias necesarias que el ataque acabó con la vida de un trabajador del puerto y dejó seis personas heridas.
No fue solamente la destrucción de unas instalaciones. Aquel bombardeo hizo que muchos almerienses tomaran conciencia de que la guerra también podía llegar hasta sus casas, sus calles y los lugares que formaban parte de su vida cotidiana.

Almería tuvo que buscar otro lugar para guardar el combustible
Las consecuencias del ataque fueron más allá del incendio. La destrucción de los depósitos dejó a Almería sin un lugar de reserva para almacenar combustible, por lo que durante años las necesidades de abastecimiento tuvieron que cubrirse con combustible procedente de la factoría de Málaga.
Además, los ataques a las instalaciones de CAMPSA llevaron a buscar alternativas para proteger las reservas. Se comenzó a utilizar un espacio subterráneo conocido posteriormente como la Cueva de la CAMPSA, donde se escondían los carburantes para evitar que volvieran a ser alcanzados por los bombardeos.
Aquel episodio también puso de manifiesto la falta de defensas artilleras suficientes para proteger la costa almeriense. Con el paso de los meses se fueron desarrollando diferentes sistemas defensivos, entre ellos baterías de costa y posiciones antiaéreas.
Un nombre que quedó ligado al miedo de los almerienses
El crucero Canarias no desapareció de la memoria de la ciudad después de aquel ataque. Su nombre quedó asociado al miedo que provocaba su posible aparición frente a la costa.
De hecho, durante la posguerra se popularizó entre algunas madres almerienses una expresión para apartar a los niños de determinados lugares: «¡Humo, que viene el Canarias!». Una frase que, detrás de su aparente sencillez, escondía el recuerdo de aquellos ataques y el temor que había dejado el buque.
La historia del crucero también quedó reflejada durante décadas en el callejero de la ciudad, con una calle llamada Crucero Canarias en el barrio de El Tagarete.
Hoy, cuando paseamos por el puerto de Almería, cuesta imaginar que hace casi nueve décadas aquella zona quedó cubierta por el humo y las llamas. Pero el 8 de noviembre de 1936 forma parte de nuestra historia y nos recuerda que la Guerra Civil también dejó profundas heridas en nuestra tierra.








