Hace apenas unas décadas, el sureste de Almería era una de las zonas más áridas de España, con suelos poco fértiles y escasos recursos hídricos. Sin embargo, la llegada de los primeros invernaderos a mediados del siglo XX marcó el inicio de una transformación histórica. Lo que antes era tierra yerma se convirtió en uno de los mayores polos de producción hortofrutícola de Europa.
El nacimiento del “mar de plástico”
Con el paso del tiempo, los invernaderos crecieron de forma acelerada, expandiéndose por el Campo de Dalías, El Ejido, Roquetas de Mar y Níjar. La vista aérea muestra un paisaje único en el mundo: miles de hectáreas cubiertas de plástico blanco que reflejan la luz del sol. Este fenómeno, conocido como el “mar de plástico”, es hoy una de las características más reconocibles de Almería.
Tecnología e innovación: la clave del éxito
El crecimiento no fue casual. La provincia apostó por sistemas pioneros como el riego por goteo, la fertirrigación y técnicas de control climático dentro de los invernaderos. La llegada del control biológico de plagas, basado en el uso de insectos beneficiosos en lugar de pesticidas, convirtió a nuestra ciudad en un referente europeo en agricultura sostenible. Esta combinación de innovación y adaptación al entorno ha permitido maximizar la producción en un clima extremadamente seco.

Una potencia exportadora
Hoy, Almería es considerada la “despensa de Europa”. Más del 60% de su producción hortícola se exporta a países como Alemania, Francia, Reino Unido o Países Bajos. Tomates, pimientos, pepinos, calabacines y berenjenas salen diariamente hacia los mercados europeos, garantizando suministro incluso en invierno gracias al clima privilegiado y la producción continua bajo invernadero.
El modelo intensivo ha generado debates y retos importantes. El consumo de agua, la gestión de residuos plásticos, el agotamiento de acuíferos o la huella ambiental son cuestiones cada vez más presentes. No obstante, la provincia ha avanzado en reciclaje de plásticos, eficiencia hídrica y uso de energías renovables dentro de los invernaderos, buscando equilibrar productividad y sostenibilidad.
La agricultura ha transformado la economía almeriense. Municipios como El Ejido, Vícar o Roquetas han experimentado un crecimiento demográfico y económico sin precedentes. Miles de familias viven del trabajo en el campo, los almacenes de manipulado, el transporte y las cooperativas agrarias que lideran el sector.

Un futuro en evolución
El “mar de plástico” sigue evolucionando. Nuevos materiales, digitalización agrícola, sensores de humedad, riego inteligente y sistemas energéticos más limpios apuntan a un futuro donde la productividad conviva con la sostenibilidad.
Almería continúa siendo un laboratorio vivo de innovación y demuestra cómo un territorio árido puede convertirse en un gigante agrícola mundial. ¡Si es que al final, como siempre digo, vivimos en el mejor sitio del mundo, sæcio!








