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Tal día como hoy en Almería

Por Almería Postureo
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Hoy viajamos más de un siglo atrás para recordar dos historias que ocurrieron un 29 de septiembre y que nos hablan de algunos de los grandes problemas que ha vivido nuestra provincia: las epidemias y el agua.

29 de septiembre de 1918: la gripe llega oficialmente a Alhama de Almería

Aunque en Alhama de Almería ya se habían registrado casos y fallecimientos relacionados con la enfermedad meses antes, no fue hasta el 29 de septiembre de 1918 cuando los principales diarios almerienses recogieron oficialmente la presencia de la epidemia de gripe en la localidad.

Es decir, la enfermedad ya estaba allí, pero ese día fue cuando su llegada quedó reconocida públicamente en la prensa. De hecho, la primera víctima mortal registrada en Alhama había fallecido el 25 de junio de 1918, una joven de 20 años. Durante el verano siguieron apareciendo casos, pero todavía no se había identificado públicamente la situación como la epidemia que poco después acabaría extendiéndose con fuerza.

A partir de finales de septiembre, el panorama cambió rápidamente. La llamada gripe de 1918, conocida posteriormente como gripe española, se extendió por numerosos municipios de la provincia y provocó una situación sanitaria especialmente complicada durante el otoño.

En Alhama, los meses de septiembre y octubre fueron especialmente duros. Según los registros estudiados, cientos de vecinos enfermaron y octubre concentró buena parte de las consecuencias más graves: de las 52 defunciones registradas aquel mes, 36 fueron atribuidas a la gripe.

La epidemia no solo significó enfermedad y muerte. También alteró profundamente la vida cotidiana de los pueblos: muchas familias se vieron afectadas al mismo tiempo, la actividad habitual quedó condicionada por los contagios y los recursos sanitarios de la época eran muy limitados frente a una enfermedad que se propagaba con enorme rapidez.

Y Alhama no fue un caso aislado. La gripe terminó convirtiéndose en una de las grandes crisis sanitarias que vivió Almería durante el siglo XX, afectando tanto a la capital como a numerosos municipios de la provincia.

Por eso, este 29 de septiembre de 1918 puede considerarse una fecha especialmente significativa: no porque aquel día aparecieran los primeros enfermos, sino porque la presencia de la epidemia en Alhama comenzaba a reconocerse públicamente en la prensa, justo cuando la situación estaba a punto de empeorar considerablemente.



29 de septiembre de 1922: el agua del Andarax volvía a ser protagonista

Hace 104 años, el agua del Andarax volvía a ser protagonista de un importante conflicto que enfrentaba a distintos pueblos y comunidades de regantes de la provincia.

El 29 de septiembre de 1922, José López Pérez, abogado y propietario vinculado a Alhama de Almería, fechaba en Almería un escrito dirigido al Ministerio de Fomento para defender un proyecto de aprovechamiento de aguas subálveas del río Andarax, en el término de Almócita. El documento formaba parte de un expediente que ya había generado numerosas oposiciones.

¿Y qué pretendían hacer? Extraer el agua que circulaba bajo el cauce del río, aunque no fuera visible en la superficie, mediante una gran galería subterránea. El proyecto contemplaba una captación de hasta 1.500 litros de agua por segundo y la construcción de una galería de casi 227 metros de longitud, con varias lumbreras, además de una trinchera para conducir posteriormente el agua hacia las zonas de cultivo.

Detrás del proyecto estaban principalmente Alhama de Almería, Íllar y Gádor, que habían previsto aportar conjuntamente tres millones de pesetas para llevar agua a sus vegas. Y es que el agua era fundamental para una agricultura que había cambiado radicalmente durante el siglo XIX: los antiguos cultivos de cereales, olivos, moreras y frutales habían ido dejando paso al parral, que se había extendido incluso por terrenos que antes eran de secano.

Pero el proyecto no fue bien recibido por todos. Prácticamente todos los ayuntamientos y comunidades de regantes situados a lo largo del Andarax se opusieron por miedo a que la nueva captación redujera sus propios recursos hídricos. Canjáyar, por ejemplo, advertía de que podía afectar a sus fuentes de abastecimiento; Bentarique temía perder las aguas con las que regaba sus tierras; y otros municipios y comunidades de regantes defendían sus derechos históricos sobre el agua.

La preocupación llegaba también hasta Almería capital. El Ayuntamiento de Almería, junto con Huércal de Almería, Pechina, Benahadux y Viator, y bajo el liderazgo del Sindicato de Riegos de Almería y Siete Pueblos de su Río, temía que la nueva captación pudiera disminuir el caudal de las fuentes que abastecían las vegas e incluso poner en riesgo el suministro de agua potable de estas poblaciones.

Y es que por aquel entonces las aguas subálveas tenían una importancia enorme. A comienzos del siglo XX, las vegas del llamado río de Almería que se regaban con las aguas del Andarax y con fuentes particulares alcanzaban aproximadamente 5.000 hectáreas. Existían además varias fuentes subálveas bajo el cauce, algunas de las cuales abastecían las vegas de Gádor, Rioja, Pechina, Benahadux, Huércal, Viator y Almería.

Por eso, lo que se estaba discutiendo en 1922 no era simplemente la construcción de una obra hidráulica. Estaba en juego quién podía aprovechar el agua y hasta qué punto una nueva captación podía afectar a quienes ya dependían de ella.

Finalmente, según la investigación histórica de Dolores Segura del Pino, el proyecto no llegó a ejecutarse. La falta de agua continuó afectando a los campos de Alhama y en los años siguientes siguieron produciéndose nuevos intentos para encontrar aportaciones de agua para las vegas.

Y quizá lo más curioso es que la preocupación por el agua no era algo nuevo en 1922. El propio artículo explica que los derechos sobre las aguas del Andarax acumulaban siglos de conflictos, acuerdos, pleitos y sentencias. Ya desde los siglos XVI y XVII existían normas y resoluciones destinadas a proteger los derechos de los distintos usuarios del río.

Más de un siglo después, resulta sorprendente pensar que aquel río que hoy podemos encontrar prácticamente seco en muchos momentos ya era entonces el centro de una compleja historia de agricultura, pueblos, derechos y lucha por el agua.

Hoy es historia; mañana también lo será nuestro presente

Dos historias que nos llevan a una Almería de hace más de un siglo, a una provincia muy diferente a la que conocemos hoy, pero en la que ya estaban presentes algunas de las cuestiones que han marcado nuestra tierra.

Porque conocer la historia de Almería también es descubrir que muchos de los problemas, preocupaciones y retos que hoy nos parecen propios de nuestro tiempo ya tienen su reflejo en el pasado.

Y quién sabe… quizás dentro de cien años alguien esté leyendo sobre la Almería de 2026 y descubra que aquello que hoy nos preocupa también formaba parte de la historia que estábamos construyendo.

Porque la historia no solo nos habla de lo que ocurrió. También nos recuerda que nosotros estamos escribiendo lo que otros leerán mañana.

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